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ESTADOS UNIDOS.- Los Astros de Houston pasaron su invierno en el ojo de la tormenta por el escándalo de robos de señales que le costó el empleo al mánager AJ Hinch y al gerente general Jeff Luhnow.

El septuagenario Dusty Baker asumió como piloto de los campeones de la Liga Americana en la antesala de los entrenamientos de primavera. Fue la decisión que tomó el dueño Jim Crane, en gran medida porque quería a un dirigente de la vieja escuela y de rígida disciplina para tratar de distanciar a los Astros del daño que el previo régimen causó al equipo y a su imagen.

El cambió no impidió que los Astros acabaran siendo los villanos del béisbol la pasada primavera. Los jugadores, ninguno de los cuales fue sancionado por su participación en el escándalo, fueron blanco de improperios durante los entrenamientos y en los pocos juegos que disputaron antes que el béisbol fuera paralizado por la pandemia de coronavirus.

Estaba cantado que iban a toparse con aficiones hostiles en cada gira. Pero zafaron. La temporada se retrasó por meses, y ahora un apurado calendario de 60 juegos se llevará a cabo en estadios vacíos.

Baker, con 71 años, tendrá la que podría ser su última oportunidad de ganar la Serie Mundial y confía que el escándalo no afecte al equipo al iniciar la campaña el 24 de julio en casa ante Seattle.

“Ya pasó”, dijo. “Espero no tengamos que estar volviendo a repasar esto una y otra vez durante el año. Lo dejamos atrás. Quisiera dejarlo detrás”.