Tags:

CIUDAD DE MÉXICO.-Se ha convertido casi en un clásico durante la pandemia, pero lo cierto es que hay pocos sectores que no se hayan visto perjudicados por la agresiva llegada del covid-19 al planeta tierra. Para todos los negocios ha existido una paralización durante más de dos meses que ha supuesto una catástrofe y un futuro incierto. Ahora que en países europeos se empieza a reactivar todo, es momento de comprobar los daños, hacer una previsión de las consecuencias y valorar si merece la pena continuar adelante o es preferible empezar de cero. A Latinoamérica, ese difícil momento para muchas industrias llegará más tarde, cuando la situación sanitaria esté más controlada.

El mundillo de las carreras de caballos es otra de esas áreas que necesita como el comer volver a una relativa normalidad, no solo por la salud económica de los trabajadores, jinetes o corredores de apuestas, sino también por la supervivencia de los caballos. Los equinos que compiten en carreras son resultado de una mezcla de especies en el que el objetivo es crear un ejemplar ganador, un purasangre. Los cuidados a los que son sometidos son muy minuciosos, con revisiones permanentes para que a nivel físico estén perfectos, su alimentación sea muy concreta y tengan unos ejercicios diarios que en estos momentos no están pudiendo llevar a cabo.

Al no conocer con exactitud el riesgo de contagio de la enfermedad que existe entre una persona y un animal de este tipo, lo más recomendable es evitar cualquier tipo de contacto. Belinda Stronach, presidenta de la empresa propietaria del prestigioso hipódromo Santa Anita de Estados Unidos, comentaba en declaraciones recogidas por el medio cambio16 el problema que esto supone: “Los caballos de carreras no pueden y no podrán sobrevivir sin el contacto y la atención humana diaria. No son máquinas que se pueden apagar temporalmente en una fábrica. Son atletas condicionados. Estar de pie en un puesto, sin ejercicio diario, perjudica su salud, seguridad y bienestar”.

Más de 200.000 purasangres podrían encontrarse en una situación similar en todo el mundo. En torno a 200 aproximadamente nacen en México cada año, donde esta práctica deportiva es toda una tradición. Una tradición que ha tenido un largo recorrido y que debe su origen a la influencia española y a los hipódromos financiados por casinos a partir del siglo XX. En las salas de juego no solo se fomentó la competitividad entre jinetes y propietarios de criaderos, sino también la creación de las apuestas a las carreras para tratar de sacar un beneficio económico. Es complicado calcular sin datos exactos lo que se ingresa en el país azteca cada año en este sector, pero en concreto el Hipódromo de las Américas de Ciudad de México registra premios entregados de 2012 a 2017 por valor de más de 280 millones de pesos en más de 8.000 carreras organizadas.

Mucho dinero que se esfuma y que sin más remedio puede llevar a la crisis a muchos propietarios de clase media. Los más adinerados del sector van a poder con unos cuantos meses de parón, pero hay otros que no. La entrenadora y abogada Maggi Moss no fue demasiado esperanzadora en sus últimas declaraciones al respecto: “Tenemos una industria que va a volver luciendo muy diferente. Tal vez estoy equivocada, pero hay mucha gente que no podrá costear más esto”. Los entrenadores de pequeños establos son los más afectados y muchos de ellos han podido quedar aislados, sobre todo en países donde las restricciones han sido duras.

Muchos duermen en el propio hipódromo en el que trabajan porque no cuentan con los medios para desplazarse, y aunque así fuera, la limitación de la movilidad se lo impide por el momento. Incluso entre los propios empleados las distancias son cada vez mayores, durmiendo en cuartos pequeños de los que apenas pueden salir ni a dar un pequeño paseo con sus ejemplares. Por eso volver al trabajo es algo clave para el devenir del futuro de la industria. Aunque en suelo mexicano va a seguir paralizada, en otras regiones empiezan a ver la luz al final del túnel.

Con el Derby de Kentucky, una famosa carrera estadounidense, aplazada para el mes de septiembre todavía en la retina, en Suecia por ejemplo se han seguido celebrando carreras durante todo este tiempo, ya que los nórdicos no se han visto tan afectados por el virus y no han tenido que limitar tanto su actividad. En Alemania también se ha empezado a correr recientemente, aunque siempre con fuertes medidas de seguridad y controlando todo al milímetro para que no haya ningún tipo de peligro.

España es otro de los países en los que también regresan y parece que puede ser una buena referencia para América Latina como ejemplo a seguir. Allí los jinetes tendrán que pasar controles de temperatura antes de entrar al recinto y tendrán que cambiarse de ropa en su automóvil. Las carreras se llevarán a cabo sin público, por ahora, incluso en el césped antes de empezar los dueños de los caballos tendrán restringido el paso. Podría ser este un modelo para aplicar en México en los próximos meses, eso sí, hay quien advierte que debe ser cuanto antes. Alex Waldrop, presidente de la Asociación Hípica de Purasangres habla claro: “Si esto se extiende más allá de junio o julio, es posible que veamos a gente que no podrá conservar la viabilidad en sus operaciones de negocio”.