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ESTADOS UNIDOS.- Más de 1.100 inmigrantes mexicanos han muerto de coronavirus en Estados Unidos, según el gobierno mexicano, y numerosas familias están intentando enviar sus restos a México sin éxito.

Repatriar un cuerpo a su país de origen nunca es fácil, pero el coronavirus ha agregado nuevos obstáculos burocráticos y retrasos al proceso. Esto ocurre en momentos en que muchos mexicanos --el mayor grupo de inmigrantes en Estados Unidos— han perdido sus empleos en la construcción, comercios, restaurantes y otros sectores.

Para familiares en duelo en ambos lados de la frontera los desafíos son muchos: funerarias abrumadas de trabajo, retrasos de papeleo porque las oficinas tanto en México como en Estados Unidos no cuentan con todo su personal y falta de vuelos internacionales y nacionales.

Algunos estados mexicanos han agregado además su propia burocracia al proceso, algo que los inmigrantes aseguran les imposibilita enviar a sus seres queridos a casa. Los desafíos son tantos que el consulado mexicano en Los Ángeles anima a los inmigrantes a usar la cremación en lugar de la repatriación de cuerpos, dijo Felipe Carrera, un funcionario consular.

“Sé que nuestra cultura se enfoca mucho en que se cumpla el último deseo de un ser querido (ser devuelto a México), pero queremos que se considere la cremación”, explicó. “En una situación como esta, animamos a nuestra comunidad a considerar distintas opciones”.

Carrera destacó que las cenizas pueden usarse de forma creativa: se pueden plantar junto a las semillas de un árbol o se pueden esparcir en un lugar importante para la familia. Transportarlas a México es más fácil, además, que repatriar un cuerpo.

“Si una familia decide cremar, en una semana o 10 días las cenizas de un ser querido pueden estar en México”, dijo Carrera, que no especificó cuánto puede tardar la repatriación de un cuerpo. Pero varias familias que decidieron cremar los restos de sus seres queridos aseguran que el proceso de enviar las cenizas a México es, de hecho, bastante largo: ahora puede tomar semanas o meses.

La cremación no es la opción preferible para muchos mexicanos. Muchos de ellos católicos y orgullosos de su país a pesar de los motivos que los fuerzan a emigrar, viven con la esperanza de algún día poder regresar a casa, aunque sea en un ataúd.

Tal es el caso de: Crescencio Flores, quien murió tras contagiarse de coronavirus en abril en Nueva York, sus padres en México pidieron sólo una cosa: recibir el cuerpo de su hijo para poder enterrarlo en su país natal.

Su hermano Francisco lleva casi dos meses hablando con funcionarios en México y Estados Unidos para intentar repatriar el cuerpo. De momento, sin embargo, aún no ha conseguido que le den ni siquiera una fecha, mientras el cuerpo embalsamado de Crescencio sigue en una funeraria de Brooklyn.

Crescencio, un trabajador de la construcción de 56 años, vivió 20 años en Estados Unidos enviando remesas regularmente a sus padres, pero nunca había viajado a su casa en el diminuto pueblo de Huehuepiaxtla, en el estado de Puebla.

“Yo lo hago porque mis padres, de 85 y 87 años, viven allá. Ellos tienen sus costumbres muy arraigadas”, dijo Francisco. “Quieren dar cristiana sepultura a los restos de su hijo”.

La situación de la familia Flores no es única.