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ARGENTINA.- La estatua de la Virgen de Luján, la patrona de Argentina, se exhibe sobre una tarima en lo más alto de la escalinata de acceso a la imponente basílica, que permanece cerrada desde marzo por la pandemia del nuevo coronavirus. Los pocos fieles que se acercan pueden verla desde lejos entre los barrotes de hierro de la reja perimetral.

Del otro lado, el sacerdote Daniel Blanchoud, protegido con un tapabocas, improvisa una bendición a prudente distancia.

Las nuevas reglas impuestas a las prácticas de culto para evitar el contagio de COVID-19 han puesto a prueba la devoción por la santísima. Sus fieles ya no pueden apoyar las manos sobre su manto ni celebrar la tradicional peregrinación juvenil al templo prevista para este sábado.

Un millón de personas en promedio recorren a pie los 70 kilómetros que unen la capital argentina con localidad bonaerense de Luján el primer fin de semana de octubre desde hace 46 años, en la que es considerada la celebración católica más multitudinaria del país sudamericano. Ferviente devoto de la virgen, el Papa Francisco en su juventud peregrinó varias veces a la basílica.

La gravedad de la situación sanitaria con más de 765.000 contagios y 20.200 muertes por COVID-19 obligó a las autoridades eclesiásticas locales a cancelarla por primera vez en la historia, como ha sucedido con muchas festividades religiosas en toda América Latina. Ello supone una disyuntiva para los seguidores de la virgen, quienes consideran que la caminata es un sacrificio que vale la pena a cambio de un milagro o en agradecimiento por una súplica concedida.

“Hay gente que sigue diciendo que va a venir igual a pesar del decreto” de aislamiento social, admitió el padre Blanchoud, rector de la basílica, en entrevista con The Associated Press. “Tratamos de decirles que este año no se puede, pero a lo mejor el otro sí. No es que si no lo haces este año te vas al infierno”, bromeó.

En el continente con más católicos en el mundo la pandemia forzó el cierre de iglesias y la suspensión de la mayoría de las celebraciones tradicionales. En Perú, también en octubre, no se realizará por segunda vez en la historia la procesión del Señor de los Milagros por las calles de Lima. La primera cancelación fue en 1882 durante una guerra con Chile.

Igual suerte corrió la peregrinación del Cristo Negro de Portobelo, una localidad colonial en Panamá, prevista para 21 de octubre. A inicios de septiembre se canceló la de la Virgen del Valle en la Isla de Margarita, en Venezuela, que suele reunir a decenas de miles de personas. Un mes antes pasó lo mismo con la fiesta de la Virgen de Copacabana, la patrona de los bolivianos, y la procesión para celebrar el natalicio de San Óscar Arnulfo Romero, el primer santo de El Salvador.

Tampoco hubo procesiones de la Virgen de la Caridad y de la Virgen de Regla en Cuba. México, en tanto, todavía no definió qué sucederá con la festividad de la popular Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre.

Cuenta la leyenda que la imagen original de la Virgen se hizo en Brasil en el siglo XVII a pedido de un hacendado portugués radicado en la colonia española que hoy es territorio argentino. La idea era llevarla a su estancia en el norte, pero la carreta que la trasladaba quedó estancada a orillas del río Luján y no hubo forma de moverla, lo cual se interpretó como una señal de que debía quedarse allí.

En 1930 el papa Pío XI la declaró patrona de Argentina, Uruguay y Paraguay. Las peregrinaciones a la basílica surgieron espontáneamente hasta que en 1975 la Iglesia católica local la incorporó formalmente a su calendario.

Bajo el lema “Madre, abrázanos. Queremos seguir caminando”, la iglesia local “ofrece una peregrinación no con los pies sino con el corazón, participar a través de las redes sociales”, explicó el padre Juan Bautista Xatruch, responsable de la peregrinación a Luján para la Comisión Arquidiocesana de Piedad Popular.