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BRASIL.- No cabía un alfiler en el auditorio de Sao Paulo con capacidad para 1.000 personas sentadas y la multitud cantaba con los intérpretes en el escenario. La expectativa fue aumentando a lo largo de tres horas de presentaciones y la gente gritaba “¡Lula!”.

Cuando el ex presidente finalmente se levantó para hablar, cautivó a la gente durante casi una hora. Décadas después de haber entrado a la política, este hombre de 72 años sigue siendo una figura magnética y un fuerte aspirante a la presidencia a pesar de haberse confirmado una condena por corrupción.

Este maestro de la política incluso explotó sus problemas legales para presentarse como un candidato que combate las elites que desean destruir su Partido de los Trabajadores, el cual se compromete a ayudar a los pobres.

“Nos vendieron la idea de que los brasileños habían contraído una enfermedad grave llamada Partido de los Trabajadores y que había que deshacerse de este mal”, declaró. “Anestesiaron a la sociedad brasileña... Pero ahora la gente está saliendo de la anestesia”.

Lula tienen pendientes otros seis procesos por corrupción y podría ser proscrito de las elecciones presidenciales de octubre. Es responsable al menos en parte del reciente derrumbe de la economía.

Pero conserva su carisma, sus dotes de orador de origen humilde y encabezó una de las expansiones de la economía brasileña más grandes de la era moderna. Muchos brasileños, incluso quienes no lo quieren, coinciden en que debe su popularidad a la ayuda que dio a las masas empobrecidas.