AP Photo/Virginia Mayo
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BÉLGICA.- Cuando se habla de colonialismo y racismo despiadados, pocas figuras históricas se pueden comparar con Leopoldo II, el rey belga que hizo del Congo su propiedad personal y puede haber sido responsable de la muerte de millones de congoleses hace más de un siglo.

En Bélgica, sin embargo, todavía hay calles y túneles que llevan su nombre. Y en las ciudades hay estatuas y bustos a pesar de que con el tiempo fueron saliendo a la luz sus atropellos.

Pero es posible que haya llegado la hora de replantear su legado.

Las protestas que se suceden en todo el mundo tras la muerte de George Floyd en Estados Unidos echan leña al fuego de un movimiento que busca que Europa asuma sus culpas por el comercio de esclavos y su pasado colonialista. Leopoldo está siendo visto como una mancha en una nación que reinó desde 1865 hasta 1909. Mucha gente quiere que se lo retire de los sitios públicos.

La semana pasada, muestras esporádicas de condena a su gestión que resultaban en ocasionales actos de vandalismo dieron paso a un torrente y en media docena de ciudades fueron dañadas estatuas de Leopoldo. En el puerto de Amberes, que recibió buena parte del caucho, los minerales y otros recursos naturales que llegaban de África, una estatua fue quemada y tuvo que ser retirada para ser reparada. No está claro si volverá al sitio que ocupaba.