AP Photo/Brian Inganga, File
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CIUDAD DEL VATICANO.- Steven Lacchin se crió sin un padre, aunque sabía algunas cosas básicas de su progenitor.

Sabía que se llamaba Mario Lacchin y que los había abandonado a él y a su madre.

Ya más grande, supo que su padre era un cura misionero italiano que en determinado momento tuvo que elegir entre la iglesia y su hijo, y optó por la iglesia.

Lo que no sabía es que a menos de 10 kilómetros (seis millas) otro hombre trataba de demostrar que Mario Lacchin era su padre también.

Estos dos individuos se conocieron gracias a un artículo de la Associated Press publicado en la primera página del diario más importante de Kenia. Era obvio que se parecían, pero debían hacerse exámenes genéticos para estar seguros.

¿Eran realmente medio hermanos, hijos del mismo padre?

AP Photo/Ben Curtis
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El Vaticano admitió este año que tenía un problema: Los curas que tuvieron hijos. Lo admitió en forma indirecta, al fijar pautas para lidiar con estos casos.

“No sé cuántos hijos de sacerdotes hay en el mundo, pero sé que los hay en todo el planeta”, dijo Anne-Marie Jarzac, directora de la organización francesa Enfants du Silence (Hijos del Silencio), que hace poco comenzó a negociar con obispos franceses acceso a los archivos de la iglesia para que estos hijos de curas puedan conocer sus identidades.

Igual que las víctimas de abusos sexuales de los curas que tropezaron con la indiferencia de la iglesia católica, muchos de estos hijos de sacerdotes han sido rechazados varias veces: Abandonados por sus padres, privados de su identidad e ignorados por la jerarquía eclesiástica cuando buscaron respuestas o ayuda.

Las circunstancias de Steven Lacchin no eran ningún secreto. Los miembros de la orden Consolata de Mario Lacchini lo sabían y lo presionaron para que eligiese entre la iglesia y su joven familia, según sus propias cartas.

Su madre, Madeleine, conserva las cartas que se escribieron por una década y detalles puntuales de todos sus esfuerzos ante la iglesia por conseguir manutención para su hijo, nacido el 21 de junio de 1980. (Steven Lacchin pidió que su madre fuese identificada solo por su nombre de pila).

Los dos se habían conocido dos años antes en Nanyuki, unos 200 kilómetros al norte de Nairobi, donde Madeleine enseñaba en una escuela de mujeres y Lacchin oficiaba misas. Madeleine le dijo al superior regional de la Consolata que ella acudió a Lacchin por “un problema espritual”, pero que luego se hicieron amigos y se enamoraron.