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VENEZUELA.- En otra ocasión, Henri Falcón podría ser otro candidato más, poco llamativo en la pugna por la presidencia en Venezuela. No es el líder opositor más popular. Sus discursos tienden a aburrir. Los partidos que le respaldan son pequeños. Ha conseguido irritar tanto a la izquierda como a la derecha.

Pero el boicot a las elecciones por parte de los principales partidos de Venezuela ha dejado a Falcón como la opción más destacada con diferencia para los que quieran destituir el 20 de mayo al presidente socialista Nicolás Maduro, y los sondeos indican que son mayoría en un país donde el hambre va en aumento y la moneda apenas vale nada.

Algunas de esas encuestas incluso sitúan al exgobernador como favorito, con una ventaja de dos dígitos sobre Maduro. La cuestión es si eso importará. La mayoría de la oposición venezolana, así como Estados Unidos y buena parte de la comunidad internacional, está convencida de que no será así, y el resultado estará amañado.

El gobierno llenó hace tiempo de aliados el consejo electoral y la judicatura y ha ignorado al Congreso dominado por la oposición, formado tras las últimas elecciones relativamente disputadas en el país, en 2015.

Los líderes opositores más combativos han sido inhabilitados, encarcelados o están en el exilio. Las elecciones presidenciales, que suelen celebrarse a final de año, se han adelantado a primavera dejando a los rivales de Maduro, sumidos en disputas internas, con poco tiempo para prepararse.

La principal coalición opositora ha respondido negándose a presentar un candidato. La fecha límite para inscribirse pasó la semana pasada con apenas Falcón y otros cuatro aspirantes poco conocidos como rivales de Maduro.