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CIUDAD DE MÉXICO.- Sor Juana Inés de la Cruz, cuyo nombre completo era Juana Inés Ramírez de Asbaje, monja jerónima del siglo XVII novohispano, es autora de sonetos, romances, redondillas, liras y poesía, su silva “Primero sueño”, así como dos obras para teatro.

La célebre escritora incursionó también en otros géneros líricos, como los tocotines y villancicos, que no se deben confundir con las tonadas populares creadas desde la Edad Media por gente del pueblo, de las villas (de ahí su nombre).

Aunque en Europa esos temas se cantaban sólo en Navidad para celebrar el nacimiento de Jesús, durante la evangelización de los pueblos originarios en América se tomó como costumbre interpretar composiciones simples durante los maitines u oficios solemnes celebrados la víspera de las grandes fiestas religiosas.

Los hay en una gama de tonos poéticos muy variada, desde lo culto hasta lo popular. Si bien los villancicos incluían con frecuencia textos en latín, se desviaban hacia lo popular con la idea de atraer la atención del pueblo y generar una alegría generalizada.

Al igual que otros autores barrocos, Sor Juana tuvo absoluto dominio de la poesía popular y como ejemplo de eso están sus villancicos, en los cuales ella captó y difundió las historias de santos y temas de la Biblia, algunos con toques de comicidad y con lenguajes propios de la época de españoles, criollos, el pueblo mexicano y negros llevados al país.

Las composiciones creadas por la monja conocida como “La décima musa” son, por tanto, canciones sencillas de formato fijo y elaboradas cada una con nueve composiciones de tres nocturnos, que resultan totalmente diferentes a sus elaboradas loas y otros trabajos.

En “Los villancicos al glorioso San Pedro Nolasco”, presentado en 1677 para los maitines al fundador de la Orden de los Mercedarios, Sor Juana destaca la vida y la labor del fraile como libertador de cristianos y negros, al tiempo que reflexiona acerca de la vida de ese grupo social en su época.

Para el primer Papa de la Iglesia Católica, la poetisa escribe dos obras de ese género: los maitines al “Gloriosísimo príncipe de la Iglesia” que se cantaron en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México en 1683, así como “Los villancicos al glorioso San Pedro”, sin una fecha precisa y en el cual muestra a ese apóstol en una franca posición de guía de la justicia verdadera.

En otro, la también llamada “Fénix de México” presenta a la Virgen María como patrona de la paz y defensora del bien; también escribe villancicos para las fiestas solemnes de la Asunción de la Virgen María en 1679, 1685, 1687 y otro año sin precisar.

Además están “Los Villancicos del Nacimiento”, interpretados en la nave mayor de la basílica catedral en la ciudad de Puebla, en el marco de los Maitines de la Purísima Concepción de María celebrado el 8 de diciembre de 1689.

Ese mismo año presentó los “Villancicos del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo”; al año siguiente rindió tributo a San José, que igualmente fue cantado por vez primera en la Catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción de la angelópolis, y el último es el dedicado a Santa Catarina de Alejandría, en 1691.