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CIUDAD DE MÉXICO.- Entre los muchos misterios que rodean a la antigua ciudad prehispánica Teotihuacán, en el centro de México, uno ha sido especialmente difícil de descifrar: ¿cómo emplearon sus habitantes los muchos signos y símbolos encontrados en sus murales y esculturas rituales?.

El descubrimiento en la década de 1990 de los enigmáticos glifos en color rojo ha llevado a un creciente número de expertos a cuestionar la opinión de larga data de que un sistema de escritura estaba ausente en la ciudad, que floreció desde aproximadamente el año 100 a.C. hasta el 550 d.C.

Teotihuacán, a unos 50 kilómetros al noreste de Ciudad de México, fue alguna vez la mayor urbe de Mesoamérica, con una población de al menos 100,000 habitantes. Sin embargo, aún se desconoce mucho sobre la civilización que la habitó, incluido el idioma que hablaban sus residentes.

Los expertos han debatido varias teorías sobre los glifos.

Algunos dicen que pudieron haber sido empleados para enseñar a escribir, otros piensan que representaban nombres de ciudades subyugadas que pagaban tributos, o que fueron utilizados como signos en rituales para curar enfermedades.

La historiadora del arte Tatiana Valdez, autora de un libro publicado este año sobre los glifos de Teotihuacán, dice que los 42 símbolos del patio, muchos en secuencias lineales, constituyen el texto más largo jamás encontrado en las ruinas de la antigua ciudad.