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CIUDAD DE MÉXICO.- En un orfanato de México las monjas tienen que rebajar la leche con agua y estirar el poco dinero para alimentar a niños rescatados de la violencia y la pobreza, que vuelve a castigarlos a raíz de la pandemia.

La Casa Hogar San Martín De Porres y Juan XXIII, dependiente de recursos estatales que ya eran insuficientes antes de la epidemia, perdió además a varios de sus benefactores habituales por la crisis que desencadenó el nuevo coronavirus.

"Muchos de ellos pues se quedaron sin trabajo, entonces suspendieron su donativo hasta nuevo aviso", cuenta a la AFP su directora, la madre Inés de María Piedras.

La situación se ha tornado crítica para este albergue de Texcoco (estado de México, centro), que desde 1965 acoge a menores víctimas de maltrato, abusos sexuales o la repentina desaparición de los padres. Actualmente viven allí 65 niños y adolescentes.

Por disposiciones sanitarias, las religiosas no han podido recibir a más menores, como tampoco las visitas sabatinas de empresas y organizaciones civiles que solían llevar ayuda en especie.

"No se recibe ropa ni juguetes", se lee en la puerta del hospicio, al que siguen acudiendo algunos bienhechores a dejar un poco de comida.

En su mayoría son niñas. Las que más tiempo llevan se expresan con amplias sonrisas, a diferencia de otras que llegaron recientemente y mantienen la cabeza gacha y una actitud asustadiza.

La madre de una de ellas fue asesinada y enterrada por su padre en el patio de la casa; la de unos gemelos que llegaron de 10 meses el año pasado simplemente despareció.

Texcoco está a 30 km de Ecatepec, considerado el municipio más peligroso del país para las mujeres.