AP Foto/Gustavo Martínez Contreras, archivo
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CIUDAD DE MÉXICO.- Una hábil y cara campaña para promover al candidato presidencial Enrique Peña Nieto inundó los medios electrónicos mexicanos antes de las elecciones de 2012, pero pocos sospechaban quien era el que supuestamente la había financiado: la constructora brasileña Odebrecht, que ha reconocido su participación en la corrupción generalizada en Latinoamérica.

El fiscal general de la República Alejandro Gertz Manero dijo el miércoles que el caso pone de relieve la forma en que “la dictadura perfecta” — un término utilizado para describir al Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Peña Nieto — fue creada como “un sistema que está sustentado en la corrupción y en la complicidad”.

Pocos lo imaginaban cuando el joven y apuesto Peña Nieto lanzó su destacada campaña presidencial en 2012, con la promesa de reformas y modernización. Pero detrás de todo eso supuestamente utilizaba las añejas prácticas corruptas que su partido perfeccionó durante sus más de siete décadas en el poder.

“Ese es ese doble lenguaje en el que se puede ser corrupto, pero también se puede ser bueno y se puede ser positivo y al mismo tiempo se puede ser un saqueador”, declaró Gertz Manero durante un foro telefónico. “Se pueden tener cuatro o cinco o diez máscaras según se vaya conviniendo, pero que finalmente dan un sólo resultado de la destrucción del país, la destrucción de la moral pública y la tragedia social en la que hemos tenido que vivir los mexicanos en los últimos años”.

Un día antes, Gertz Manero dijo que Emilio Lozoya, extitular de Petróleos Mexicanos, ha acusado a Peña Nieto y a su secretario de Hacienda, Luis Videgaray, de darle instrucciones de pagar a consultores políticos extranjeros más de 4 millones de dólares provenientes de sobornos recibidos de Odebrecht.