Foto: Archivo
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NUEVO LEÓN.- Lupita pudo escapar de sus captores, pero no se escapó de la revictimización de la que fue objeto por parte de un elemento de Fuerza Civil, quien se burló asegurando que por ser mujer, andar sola y haber tomado alcohol, fue víctima de la delincuencia.

Cuando estaba hablando con él nada más se quedaba riéndose y viéndonos. Yo traía las piernas ensangrentadas, la boca reventada; andaba toda llena de sangre, del pleito se me cayeron dos uñas, tú sabes que cuando se te cae una uña es mucha la sangre la que sale.Y aun así no hizo nada, no dijo nada, no preguntó cómo estábamos ni qué pasó, nada más se soltó riendo
Lupita

En sus redes sociales narró cómo la madrugada del domingo, después de salir de un concierto en el Parque Fundidora, ella y una amiga tomaron un taxi blanco con amarillo para regresar a su casa, porque Uber no tenía vehículos disponibles.

“El conductor del taxi me preguntó varias veces qué ruta quería que tomáramos, mis palabras fueron ‘Constitución, Gonzalitos y luego Leones’, fui muy clara, y segundos después me vuelve a preguntar ‘¿por dónde quiere que nos vayamos’, y le repetí lo mismo, sólo que ahora alcancé a ver la luz de su celular encendida, no me pareció nada extraño”, describió la joven el martes siguiente, en su página de Facebook .

El tema se hizo viral, y aunque su identidad salió a la luz, Lupita pidió a este medio de comunicación omitir sus apellidos. Ya no desea que su nombre sea más expuesto.

Según la declaración de la joven, cuando ella sospechó del hombre al ver que no les prestaba ayuda y le aseguró que ya venían sus amigos a auxiliarlas.

“Al final yo le dije ‘ah, pero de hecho ya vienen unos amigos’, y me dijo ‘¿ah sí, y cuántos son?’.

“Yo le dije ‘¿pues qué te importa?’. Se dio la vuelta, se subió al carro. Yo pensé, bueno va a sacar algo para apuntar o algo así, y no, se arrancó, es más, todavía nos aventó el carro, o sea, medio que dio curva para sacarnos la vuelta y arrancó y se fue y nos dejó ahí tiradas”, relata Lupita.

Las jóvenes acababan de librar una fuerte batalla contra dos hombres que al parecer, intentaban secuestrarlas. Lupita peleó hasta con las uñas para no ser subida a un vehículo.

Foto: Archivo
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El taxista que las trasladaba esa madrugada de domingo, detuvo la marcha del coche en la lateral de la avenida Constitución, alegando que el auto había sufrido un desperfecto.

De inmediato arribó otro vehículo que les cerró el paso colocándose al frente, del que descendió un hombre que se abalanzó por el lado la puerta trasera derecha para empezar a atacarlas físicamente.

Lupita recuerda que la tomó del cuello y la golpeó fuertemente en incontables ocasiones mientras ella se defendía como podría, “un chorro de golpes y manotazos y de todo, y rasguños”.

Cuando se dio cuenta ya estaba afuera del carro, pero el hombre continuaba golpeándola. Resalta que mientras estaba siendo golpeada, veía cómo el sujeto la iba acercando al vehículo que les cerró el paso.

“Me da un puñetazo en la quijada y es cuando me tira al piso. Pues me empieza a patear en el abdomen, fue cuando me lesionó las costillas, y de ahí me jala de los brazos y yo me niego a que me jale para meterme al carro.

“Él se sube al taxi, con la puerta del copiloto abierta y me alcanza agarrar del cabello todavía para intentar subirme y pues me arrastra por Constitución con el carro andando”, describe la joven.

Después de ser jalada por algunos metros, la mujer logró zafarse. Los hombres huyeron del lugar.

Su amiga, quien en medio de la pelea descendido del otro vehículo, estaba paralizada, “en shock”, creía que habían atropellado a Lupita.

En seguida de incorporarse, Lupita buscó ayuda entre los carros que pasaban por el lugar. Nadie se detuvo a auxiliarlas.

Foto: Archivo/Ilustrativa
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Fue cuando llegó la primera patrulla de Fuerza Civil, cuyo tripulante las dejó en el lugar sin prestarles ayuda.

Me dio mucha impotencia, mucho coraje. Es que se baja, y con cara riéndose. Le explicamos el caso todas asustadas y riéndose nomás nos dice ‘pues sí mijita, pero pues son mujeres, para qué andan solas y luego, al parecer andan tomadas’, y él riéndose
Lupita

Al cabo de 15 minutos de que se retiró el policía, observaron que otra patrulla se acercaba. Venía una pareja de oficiales de la misma corporación.

Al principio desconfió de ellos, “yo dije, ‘nombre esos son de los mismos’, ya ni me sentí protegida la verdad”.

Pero éstos eran muy diferentes, admite. Tras de ellos llegó otra unidad con una mujer policía abordo, con quien sintieron confianza, “nos dieron agua y nos atendieron”.

A los elementos también les pareció extraño que su compañero no las ayudara. Supuestamente reportaron el hecho y pidieron se monitoreara a la unidad.

El lunes siguiente Lupita acudió a interponer una denuncia por el robo de sus bolsos con las pocas cosas que quedaron en ellos: dinero y un teléfono celular, pues la mayoría de sus pertenencias quedaron regadas sobre la calle.

Fue el propio Ministerio Público quien le hizo ver que lo sucedido no fue un robo, sino un intento de secuestro.

“Me explicaron que no, que si esto si hubiera sido robo, te quitan tus cosas y ya. Me dijeron ‘incluso los taxistas cuando te roban, dicen deja tus cosas y bájate del carro’.

Me dijeron que no hay necesidad de dos vehículos, no hay necesidad de llegar a los golpes, tanta fuerza para quererte acercar otro carro. Y como me agarraba de la cintura y me aventaba, fue demasiado. Al final me dieron a entender eso y la denuncia quedó así
Lupita

Lupita resultó con un esguince en el pie izquierdo, su cadera muy lastimada, las costillas colapsadas, la quijada dañada, múltiples moretones y heridas de tercer grado en una pierna como resultado del arrastre al que su cuerpo fue sometido.

Al mismo tiempo en que da gracias a Dios por estar bien, recuerda la agresión con indignación.

“Imagínate yo en el piso, las patadas del tipo, o sea, en el estómago. Yo tirada y él golpe tras golpe; fue cuando me sentí más humillada, que no tienes una idea, horrible”.

Ha sido juzgada por unos y apoyada por otros. La criticaron por haber respondido con golpes, pero afirma que cada quien tiene una forma distinta de reaccionar ante una situación de peligro.

“Muchos me dijeron ‘te expusiste demasiado, pudo haber salido contraproducente’. Sí es cierto, es verdad. Pero creo que hubiera sido más dura la recuperación psicológica si yo me hubiera quedado de brazos cruzados y hubiera dejado que nos hubieran hecho lo que ellos hubieran querido.

“Si un tipo te agrede, pues defiéndete con la misma fuerza”.

No tiene duda de que haberse resistido ayudó a que los hombres desistieran de llevarlas. En la Fiscalía le dijeron que “ellos” tienen un período para cometer el delito y el poner tanta resistencia les restó tiempo.

“Yo creo que ya fue tanto (tiempo), que dijeron ‘ya déjala y ya vámonos’, porque estábamos en una calle muy transitada, muy público, muy a la vista”, señala.

Cabe mencionar que Lupita titubea: si intentaban secuestrarlas o sólo robarlas, pero admite que fue demasiada agresión, quizá porque ella les estropeó su plan, defendiendo lo que ella llama su templo: su cuerpo.

“Al final el tipo tampoco se fue limpio, se llevó mis uñas, se llevó mis rasguños, se llevó la cara rasgada, y le encajé un dedo en un ojo”, añade.

Pese a tomar la precaución de no conducir habiendo ingerido bebidas alcohólicas como hacen todos los jóvenes que asisten a conciertos, el riesgo es latente, comenta, la exposición a situaciones como la que vivieron está presente.

El mensaje para ella es que no volverá a tomar cuando salga a divertirse, así no utilizará un taxi y podrá conducir su propio vehículo.

“No tengo porque andar dependiendo del taxi, ni de personas así. Tengo mi carro, trabajo para eso, para pagarlo y para todo, y si tengo que dejar de tomar por mi seguridad, vale eso, por supuesto. No me voy a cerrar opciones para que el mal gane. Lo menos expuestas que podamos estar, pues hay que hacerlo y si quieres tomar pues toma en casa y hago aquí una fiesta porque ya en ningún lugar es seguro”.