Los últimos meses han sido complicados para México. El atravesar por una pandemia, con repercusiones sin precedentes en la historia de la humanidad genera una grandísima incertidumbre económica sobre las consecuencias y secuelas que dejará en nuestra sociedad.

El termómetro de la economía y principal indicador económico, el Producto Interno Bruto (PIB), nos dejó con una “probadita” de lo que se viene para el resto del año. El INEGI anunció que en el 1er trimestre la economía mexicana se contrajo 1.6%, incrementando la racha negativa que llevamos de cuatro trimestres seguidos de crecimiento negativo.

Lo que es de preocuparse es que el Covid-19 no inició hasta mediados de marzo en el país, lo cual da toda el indicio que el 2do trimestre será el que más contraiga al PIB debido al aislamiento obligatorio que enfrentamos. Ante esto, estaríamos viendo una contracción anual severa, donde los pronósticos llegan incluso a ser mayores a 7%. Esto pudiera representar la mayor contracción del PIB desde la Gran Depresión en 1932.

Por el aislamiento, el empleo se está viendo afectado severamente por la falta de activación de la economía. Jonathan Heath, subgobernador del Banco de México, mencionó que el desempleo pudiera superar el pico de 7.9% que se vivió en el 2009 e incluso sobrepasar el pico de 10.7% de la crisis de 1995, cuando el promedio en los últimos 15 años ha sido de 4.0%. Estas pérdidas de empleos equivaldrían aproximadamente a 5 millones de personas, correspondientes a la población económicamente activa, lo equivalente a la población de Nuevo León.

Continuando con la línea del Banxico, la inflación anual se ha mantenido estable en 3.25% e incluso la inflación de marzo llegó a ser negativa (-0.05%). Sin embargo, esto pudiera ser una bomba de tiempo, como lo ha sido en otras economías, ya que al estar consumiendo bienes de consumo básico con alta demanda pudiera existir un desabasto que pudiera generar un aumento significativo en la inflación en los próximos meses.

La inflación igual se verá presionada por otro factor, el tipo de cambio. El peso se ha venido depreciando más del 30% contra el dólar, pero ¿qué es lo que ha mantenido al dólar sin depreciarse más a pesar de la fuga de capitales y los recortes crediticios a la deuda soberana de México y a la de Pemex?

En días pasados se dio a conocer el dato de marzo de las remesas que se envían a México desde el exterior, los resultados fueron asombrosos y de explicación para el tipo de cambio, con un máximo histórico, incrementando 36% con respecto al mismo mes del 2019, así como 18% en comparación al primer trimestre del año pasado.

¿Será que este suceso está ayudando al tipo de cambio? Recordemos que las remesas representan la segunda fuente de divisas del país, después de las exportaciones automotrices. Probablemente sí, ya que ante el panorama que se vive, las agencias calificadoras han recortado severamente la calificación de la deuda soberana del país estimando una severa recesión en el país por la pandemia, por lo que pudiéramos ver al tipo de cambio con presiones alcistas en los siguientes períodos.

A Pemex, la cual es una gran carga para el país, también le recortaron la calificación dejando su deuda en grado especulativo, lo que significa que corre el riesgo de caer en impago de intereses a sus tenedores de deuda, por lo que muchos inversionistas pudieran vender estos valores. La pérdida trimestral que reportó la paraestatal por $562,200 millones equivale a casi cuatro veces la refinería Dos Bocas, cerca del 10% del presupuesto del gobierno anual, el 2.3% del PIB y lo peor, la pérdida correspondiente al 1T es mayor a la que tuvo durante todo el 2019.

Los efectos económicos empiezan a ser cada vez más palpables en el país y con esto me preocupa la confianza empresarial, la cual ha sido, es y será el contrapeso, el oxígeno en estos tiempos. Con datos de la Coparmex, se observó que la confianza empresarial bajó 6 puntos en un solo mes, ubicándose en 30 puntos, generando un mínimo histórico en tiempo récord.

A diferencia del país, Nuevo León tiene un gran objetivo en el cual enfocarse para salir mejor librado. La industria manufacturera, el motor de la economía estatal, es el sector clave al que se debe de destinar recursos para poder contar con la capacidad de abastecer las cadenas de suministro, principalmente las exportaciones a Estados Unidos, por lo que, de ser así, se esperaría que el impacto en el PIB estatal no sea como se espera para el nacional. La Caintra estatal ya lanzó programas de crédito para proteger los empleos y la actividad productiva de las pequeñas empresas, esperemos que los créditos del BID Invest igual puedan estimular la economía local.

Los indicadores nacionales no son muy alentadores, sin embargo, a nivel estatal la realidad pudiera ser ligeramente distinta, la industria manufacturera, en conjunto con la iniciativa privada, puede ser el oxígeno y debe seguir así, no se puede detener, se necesitan más esfuerzos en conjunto para lograr amortiguar el impacto que se nos viene encima, a todos.