Cuando se mide la contaminación atmosférica, de igual forma se deben registrar los parámetros meteorológicos. Esto es necesario, ya que estas variables nos ayudan a determinar de dónde provienen los contaminantes, si las concentraciones reportadas pudieran aumentar o disminuir, estimando su evolución y emitir alertas cuando resulte necesario, con el fin de disminuir los riesgos a la salud y otros efectos adversos. En las redes de monitoreo atmosférico, en donde se registran las concentraciones de los contaminantes criterio, también se mide la temperatura, velocidad y dirección del viento, humedad, precipitación pluvial, radiación solar y presión atmosférica, entre otros.

Existen diferentes modelos de dispersión de contaminantes que se pueden emplear para predecir los índices de calidad del aire, en los cuales se consideran los tiempos, concentraciones de contaminantes y parámetros meteorológicos. Estos modelos son empleados en las redes de monitoreo, brindando a la población oportuna sobre estos pronósticos.

En cuanto a la meteorología, el viento es uno de los parámetros a los que se les pone especial atención. Con las lecturas de esta variable se realiza una rosa de vientos, la cual nos indica de qué dirección proviene el aire y hacia dónde va. Dependiendo de su velocidad y frecuencia, el viento puede ayudar a dispersar los contaminantes o propiciar el incremento de las concentraciones de los mismos.

Ahora bien, otro factor que debemos considerar para realizar el pronóstico de la calidad del aire es la presión atmosférica. El viento puede generar cambios en la presión cuando se mueven grandes masas de aire. En las zonas donde se presentan bajas presiones, el aire cálido tiende a ascender en su centro, mientras que en las de presión alta, el empuje del viento se realiza hacia abajo. Cuando altas concentraciones de contaminantes coinciden con el descenso del aire, éste impide la dispersión de los contaminantes hacia capas más altas de la atmósfera y, por lo tanto, propicia el incremento de las concentraciones registradas en la red de monitoreo.

Durante el invierno se suelen presentar sistemas de alta presión que dan lugar al descenso de aire e inversiones térmicas, pudiendo monitorear elevados índices de contaminación. En ocasiones, la disminución de las concentraciones registradas por la red de monitoreo no se debe a que hayan bajado las emisiones de contaminantes, sino que las condiciones meteorológicas han contribuido a limpiar el aire que estamos respirando. Por ejemplo, cuando hay presencia de lluvia, la precipitación pluvial arrastra los contaminantes atmosféricos hacia el piso, reportándose posteriormente buena calidad del aire.

Por lo anterior, no es correcto decir que las emisiones a la atmósfera disminuyeron o que un plan funcionó cuando la lluvia, el viento o la presión actúan como el factor de limpieza principal. Los factores meteorológicos pueden mejorar la calidad del aire temporalmente, pero no pueden disminuir la cantidad de emisiones a la atmósfera. Para que esto suceda se requiere de una estrategia en la que se contemplen acciones para las diferentes fuentes de emisión, donde de manera permanente se reduzca el volumen de emisiones contaminantes. No hay mejor forma de mejorar la calidad del aire que actuando directamente sobre la fuente para disminuir sus emisiones.