En marzo de 2018 escribí un texto que titulé: “La consumación del PRI”, ahí señalé el porqué desde mi punto de vista el PRI estaba por extinguirse, y de hecho resultó ser un preámbulo de como meses después pasó de ser primera fuerza a tercera fuerza política en nuestro país.

Sostuve en resumen, que la consumación del PRI no era casualidad, que no era tampoco consecuencia del buen actuar de la oposición y mucho menos era culpa de los mexicanos, sino que, se trató de una auto consumación.

Y creo que el caso Muñoz Ledo en MORENA, retrata perfectamente a la vieja escuela priista, según la cual ningún actor podía tener -ni por encimita- una opinión distinta a la del Presidente de México porque el partido le daría la espalda.

¿Cómo es posible que al tener el Diputado Federal Morenista Porfirio Muñoz Ledo un punto de vista distinto en un tema en particular, como en el caso cuestionar la función de la Guardia Nacional en relación con los derechos humanos de migrantes, sus propios correligionarios Morenistas intenten callarlo?

Voy de nuevo, ¿Cómo entender que en pleno 2020, tal como si estuviéramos en la época dorada del PRI, se dicte tan descaradamente la “línea” al poder legislativo?

Sí hay reglas no escritas en la partidocracia y una lealtad que guardar al líder de que se trate, pero llegar al grado de no tolerar una postura diversa en un tema en específico me parece una clara señal de regresión autoritaria.

Dijo Muñoz Ledo y aplaudo su buen juicio:

“No tiene línea política Morena, a lo más interpretar lo que dice el Presidente en su Mañanera, Morena vota automáticamente. Eso es su sumamente grave.”

En fin, en el papel Morena es un partido nuevo, pero en su quehacer diario se parece mucho, muchísimo, al PRI, y su desgaste -poco o mucho al día de hoy- más que atender a la oposición, es atribuible al morenismo mismo.