Cuando hablamos de la contaminación atmosférica del área metropolitana de Monterrey (AMM), tendemos a comparar los índices de la calidad del aire que se reportan aquí con los que se registran en la CDMX. Es importante diferenciar los contaminantes que ocasionan los picos máximos de concentración, así como los que rebasan con frecuencia los Normas Oficiales Mexicanas y los que ocasionan que se declaren las contingencias.

Debemos recordar que cada zona tiene cierto tipo de suelo y las actividades diarias que se realizan en la metrópoli modifican la composición natural del aire, por lo que se tienen que tomar en cuenta las emisiones derivadas de la actividad industrial, doméstica, el transporte, la generación de energía y las fuentes naturales.

Al hablar de la contaminación atmosférica de la CDMX, el contaminante que principalmente activa las contingencias atmosféricas es el ozono. Su concentración puede incrementarse en el ambiente cuando algunos de los contaminantes emitidos por los autos y las industrias reaccionan con la luz solar. El ozono tiene un fuerte poder oxidante, por lo que puede dañar las vías respiratorias, causando inflamación y reduce la capacidad de combatir infecciones. Los niños, adultos mayores y quienes padecen enfermedades respiratorias y cardiovasculares son los grupos poblacionales que principalmente pudieran resultar afectados. Algunos síntomas que resultan de la exposición aguda al ozono son irritación de ojos, dolor de garganta y tos seca.

Ahora bien, si retomamos el caso del AMM, el contaminante que regularmente activa las contingencias ambientales es el material particulado. El incremento de este contaminante puede deberse a la resuspensión de polvos, emisiones vehiculares e industriales principalmente. Las partículas suspendidas pueden causar disminución de la función pulmonar, contribuyendo a la presencia de enfermedades crónicas respiratorias y muerte prematura. Las partículas menores a 10 micras entran al tracto respiratorio, pudiendo penetrar los alvéolos pulmonares, sobre todo aquéllas que son menores a 2.5 micras. Si nos concentráramos solo en los efectos en la salud de la población que ocasionan el ozono y las partículas, éstas últimas causan más daños y se les relaciona con enfermedades crónico obstructivas, pudiendo disminuir la esperanza de vida de las personas expuestas.

En el caso del AMM, el suelo es semiárido/semidesértico. Estamos rodeados por montañas; los vientos predominantes van del este al oeste, y estamos a una altura aproximada de 550 metros sobre el nivel del mar en la zona centro, mientras que al poniente esta altura es más elevada, ocasionando una acumulación natural del material particulado en esa región.

Por lo anterior, es importante que cuando estemos revisando los índices de calidad del aire, prestemos atención a los diferentes tipos de contaminantes que se monitorean, ya que sus efectos en la salud son distintos. Cuando tengamos oportunidad de hacer el ejercicio, podremos ver que la capa de contaminación que se ve cuando se sobrevuela la CDMX es principalmente rojiza; esto es por las emisiones de óxidos de nitrógeno, que más tarde pudieran formar ozono al estar en presencia de la luz solar. Mientras que cuando veamos el cielo del AMM, podremos observar que esa capa tiende a ser color grisáceo, reflejándose esto en los altos índices de partículas.

Aprendamos a interpretar los reportes de la calidad del aire y, sobre todo, conozcamos las fuentes de emisión y la forma en que podemos contribuir a que nuestro aire se mantenga limpio.