Pocas tragedias tan fuertes y dolorosas como la del Colegio Enrique Rébsamen. Además de todo lo que dejó en muchas familias, se le debe agregar algo profundamente lamentable y terrible: la tragedia pudo ser evitada.

La detención o entrega de Mónica García, dueña y directora de la escuela, debe abrir un importante espacio para la investigación, lo cual no empieza ni termina con la caída del inmueble.

Un asunto que debe obligadamente aclarar la autoridad es si la directora de la escuela se entregó o la detuvieron.

El tema es importante, porque desde la perspectiva jurídica, el hecho que haya sido de una manera u otra le da matices al caso; además de que se puede presumir que pudo haber acuerdos y comunicación entre la maestra y la autoridad. Según el exabogado de la directora, Javier Cuello Trejo, ésta se habría entregado y no había sido detenida en un restaurante de Tlalpan, como asegura la autoridad.

La precisión de lo que pasó, si fue detención o entrega, adquiere relevancia porque puede afectar el debido proceso. Muchos casos se han desarrollado entre errores y horrores legales; hecho que ha provocado que bien a bien no se conozca si los presuntos responsables de delito deben recibir algún tipo de sentencia o quedar absueltos.

El caso obliga a una minuciosa investigación, de la cual la Jefa de Gobierno debe mantenerse totalmente ajena. Recordemos que era la titular de lo que se llamaba delegación, en Tlalpan, demarcación donde se encontraba la escuela. Claudia Sheinbaum ha insistido, una y otra vez, que está en plena disposición para que la investigación vaya hasta el fondo; “se lo prometí a las familias”; hay motivos para creerle.

Lo que es un gran problema es cómo delimitar responsabilidades en la toma de decisiones que permitieron extender el tamaño de la escuela, y sobre todo la construcción del penthouse con todo y jacuzzi.

Es muy probable que detrás de todo esto estén las cadenas de corrupción y arreglos bajo la mesa. Todos saben lo que pasa, pero hacen como que no ven; pero eso sí, a la mera hora terminan por extender la mano.

A esto sumemos las grandes dificultades que enfrentan, muchas de ellas justificadas, quienes quieren construir en su propia casa un cuarto o agregar un piso. Algunos trámites son más que entendibles; son propios de la seguridad que obligan y merecen este tipo de obras.

Existe una enorme tramitología que tiene en el camino no sólo firmas. También hay una gran cantidad de ventanillas ante las que hay que acudir para enfrentar largos procesos administrativos, en los que muy a menudo se “ofrecen” caminos cortos, con todo lo que esto quiera decir.

Es muy probable que esto y más haya estado detrás de la construcción del área que colapsó en el Colegio Rébsamen. Éste fue un caso que conocimos por su lamentable, triste y doloroso final. Va una pregunta nada ociosa: ¿cuántas construcciones podrían estar bajo las mismas condiciones que las que provocaron el colapso de la escuela?

Lo que es brutalmente irresponsable es el hecho de que en el Rébsamen no haya habido un sistema de vigilancia, lo que incluye, por supuesto, a la delegación. Lo que estaba de por medio era, ni más ni menos, la seguridad de todo el personal de la escuela, señaladamente los estudiantes.

Lo que viene debe tener como eje toral hacer justicia y aprender. No se puede señalar solamente a Mónica García, a pesar de que con toda razón, está en el centro. Es evidente que hay muchas otras instancias por las que pasó el proceso o por las que no pasó.

Va a ser largo un juicio. La tragedia es la oportunidad de acabar de una vez por todas con las prácticas que provocaron muerte y tristeza infinita en el Rébsamen.

Vaya usted a saber cuántas obras no son iguales; o peores.

RESQUICIOS.

La ciudad se ha hecho gris estos días. Es escandaloso y enfermizo lo que pasa. Seguimos confiando en que llegue la lluvia o haya viento sin que tengamos un plan serio contra la polución.