Lo más probable es que el juicio político contra Donald Trump, o “impeachment”, va a prosperar en la Cámara de Representantes. Esto no significa que destituyan al presidente, sobre todo porque en el Senado la mayoría republicana lo va a absolver. Pero por primera vez en la historia habrá un presidente “enjuiciado”, y que al mismo tiempo busca la reelección. Eso es territorio político desconocido, y la verdad es que, en ese sentido, cualquier cosa puede suceder.

Una posibilidad es que la carta del victimismo que va a jugar Trump funcione. Los principales temores de los demócratas quienes originalmente se negaban a proceder con el juicio, pudieran materializarse si los republicanos se mantienen alienados y si logran posicionarlos como injustos y envidiosos, dejando al presdiente como un perseguido político, solo por su “estilo” y sus éxitos, y no porque haya hecho algo ilegal. Esto generaría un fortalecimiento de la popularidad de Trump, y podría darle el triunfo electoral en 2020, siempre y cuando la economía se mantenga estable.

Otra opción es que el impeachment motive a las bases demócratas de tal forma que los votantes, sobre todo los jóvenes, conviertan la elección en el juicio “verdadero” y popular contra Trump, dado que el Senado “no estaría haciendo su trabajo”. Esa podría ser una muy poderosa estrategia política por parte del candidato que resulte ganador en las primarias, quien invitaría a la ciudadanía a terminar, de una vez por todas y con sus votos, el proceso que iniciaron los demócratas, y entonces, ahora sí, despedir a Donald Trump de la Casa Blanca.

APUNTE SPIRITUALIS. Pero el escenario más factible es que se agrave la división, ya de por sí profunda, del pueblo norteamericano, desembocando en una especie de guerra de fuerzas muy parejas, en la que el resultado final de la elección sería una moneda al aire. La balanza, en este caso, la moverían los republicanos que decidan, o no, apoyar el impeachment, o en todo caso la percepción de la economía.