En general, científicos y políticos en el mundo, concuerdan en que para la llamada “nueva normalidad”, los cubrebocas serán cosa de todos los días. Está claro que en la medida en que la mayoría de la gente los utilice, el riesgo de contagio disminuye significativamente, sobre todo en lugares concurridos. Y una vez que salga la vacuna y la pandemia termine, el uso de cubrebocas podría mantenerse (como sucede en algunos países asiáticos), al menos en las personas que tienen algún síntoma de enfermedad respiratoria, o que creen que pudieran tenerlo. Se convierte pues, en una cuestión de cortesía hacia las demás personas.

En Estados Unidos, el candidato demócrata a la presidencia, Joe Biden, ha estado apareciendo con cubrebocas y apostándole a su uso en términos de comunicación, mientras el presidente Trump se niega a hacerlo. En un tuit de Biden, hace un par de días, en el que simplemente escribió “Wear masks” (utilicen cubrebocas), algunas de las respuestas simbolizan las estrategias de ambos bandos en la pugna electoral.

Por un lado están quienes aplauden a Biden y lo describen como “buen ejemplo”. Lo ven como un líder responsable que, independientemente de su posición, sigue las indicaciones. Por otro lado, están los seguidores de Trump que utilizan al cubrebocas como símbolo de represión, dándole un significado de ahogamiento, claustrofobia, cierre de economía, etcétera. Visualmente es muy poderoso, y los pro-Trump lo están explotando. Incluso hay algunos que lo comparan con fotografías de esclavos a quienes les cubrían la boca para mantenerlos en silencio. Hay un claro esfuerzo por posicionar al cubrebocas como algo muy negativo, algo de lo que Trump puede liberarlos. Es parte de la narrativa de campaña.

APUNTE SPIRITUALIS. Entonces Joe Biden está asumiendo el rol del candidato “responsable” que respeta las normas de sanidad, y Trump la del “liberador” que protege a la gente de una supuesta represión. ¿Qué pesará más? ¿Percepción de responsabilidad o de liberación?

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