La Reforma Laboral representa una profunda transformación del sindicalismo mexicano.

Es una reforma que se centra en una nueva dinámica sindical, en la irrupción de nuevas figuras y liderazgos, bajo un esquema distinto que en su aplicación veremos sus verdaderos efectos y alcances.

Dentro de este importante cambio en nuestras leyes, me llama la atención como se ha utilizado el nuevo Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, el TMEC, como el escudo que amparó y motivó la reforma laboral aprobada.

Fue un escudo que inhibió el debate de tan trascendental reforma. La realidad es que si bien es fundamental que se ratifique el TMEC, en México es en dónde menos prisa tenemos.

Es cierto, las condiciones cambiaron en Estados Unidos cuando los Demócratas ganaron la mayoría de la Cámara de Representantes. Y, es cierto también que la líder del Cámara Nancy Pelosi condicionó en una declaración la ratificación del TMEC a la aprobación de la reforma laboral en México.

Pero el tiempo entre la declaración de Pelosi y la aprobación de la reforma laboral fue de menos de un mes. ¡Resulta que ahora somos buenísimos para legislar!

Siento que más que una presión, la postura del liderazgo Demócrata se alineó perfectamente con la visión del Gobierno de la República. El TMEC es sólo el escudo visible de una visión compartida que esperemos no se convierta en el talón de Aquiles para México de nuestra integración económica con América del Norte.

Las presiones laborales y ambientales en los tratados comerciales no son nuevas, en el TLCAN las hubo, y sin embargo la negociación y la prudencia diplomática encontraron canales y soluciones que fortalecieron con éxito a México y a la región.

Me preocupa que perdamos competitividad regional por la ausencia de paz laboral. Espero que por el contrario, la reforma laboral aprobada permita el surgimiento de un sindicalismo positivo y productivo, que busque lo mejor para los trabajadores bajo una visión de competitividad y entendimiento, que no le apueste al radicalismo y al conflicto, que lo único que provocaría sería espantar nuevas inversiones y regresar muchas de las existentes a los Estados Unidos.

Casual y curiosamente, lo que Demócratas y el presidente Trump desean.

Sin embargo, el TMEC no se acordó para eso. Se acordó para fortalecernos todos, como la región más próspera del mundo globalizado. Al tiempo.