Poder ser testigo del hartazgo de una sociedad que, durante años de lucha, aún no puedan ser completamente tomados en cuenta. El trágico asesinato a George Floyd, en manos de un “policía”, fue la gota que derramó el vaso. Tuvo consecuencias en todos los rincones de país, haciendo eco en prácticamente todo el mundo.

Las protestas que recorre el país americano en los últimos días le exigen una respuesta inmediata al presidente Trump. Tras enfrentar los embates de la pandemia, ahora Trump tiene que hacerle frente a uno de los temas que, por estrategia electoral, él mismo alimentó en los últimos años, me refiero al racismo.

Sin embargo, aparentemente el mandatario padece lo que muchos políticos de esta generación tienen, la soberbia lo ha mantenido apartado y no ha querido dar la cara. En sus publicaciones les echa la culpa a los gobernadores, señala a los grupos ideológicos, amenaza con sacar al ejército a las calles para calmar las revueltas. Sus decisiones hacen pensar que lo único que busca es un pleito frontal con la ciudadanía.

Y bien dicen por ahí: “Cuando veas las barbas de tu vecino afeitar, pon las tuyas a remojar”. Y es que pensar que lo que sucede en Estados Unidos, nos es ajeno como mexicanos, estamos totalmente equivocados. He visto comentarios y publicaciones de muchas personas que se suman al movimiento de Estados Unidos y que apoyan las ideologías en contra del racismo. Sin embargo, antes de ver hacia afuera, primero empecemos por nosotros mismos.

Uno de los grandes padecimientos que tiene nuestro país y que en los últimos años se ha ido agravando, es justamente el racismo y la división entre nosotros.

En semanas pasadas se ha podido percibir un aire más hostil que el de costumbre. Los señalamientos, las acusaciones, las críticas por pensar cierta manera se han apoderado de nuestro día a día. En medio de una de las situaciones más complicadas, crece este nuevo sentimiento de odio entre nosotros mismos. Lamentablemente, permítanme decirles que los gobiernos, partidos políticos y líderes, se aprovechan justamente de eso para sacarle provecho.

Vivimos en una sociedad cada vez más dividida, en medio de una crisis sanitaria, crisis económica y próximamente la elección más grande en la historia de nuestro país. Todos estos son factores que pueden provocar que esta olla a presión explote.

Esta humilde columna los invita a que de verdad hagamos una reflexión. Primero, decirles que, así como en Estados Unidos, sí es posible ponerle un alto al sistema. Segundo, los ciudadanos somos quienes verdaderamente le marcamos el rumbo al país, siempre y cuando haya una verdadera convicción de hacerlo.

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