La semana pasada visité Cartagena de Indias, Colombia, a propósito del Congreso Nacional de Campañas Políticas. El viernes presenté mi conferencia a las 15:45 horas y al término de la misma me abordó un periodista quien me hizo algunas preguntas relacionadas a mi conferencia y al de un panel en el que participé previa a mi conferencia donde hablamos sobre la paridad de género. De todas las preguntas que me hizo, existe una que me dejó impactada.

Tomando el tema del panel me preguntó que cual era mi opinión sobre la participación de la mujer en la política. La respuesta esperada hubiera sido decir que hace falta más representación de la mujer en la escena política, que tenemos que animarnos más, que ojalá pronto haya más mujeres presidentes. Esa era la respuesta fácil… o la que estamos acostumbrados a escuchar. Pero yo más bien le contesté que a estas alturas ya debemos dejar de cuestionarnos si la labor la va a hacer un hombre o una mujer, porque lo anterior implica que podríamos esperar resultados distintos simplemente por una cuestión de género. Las tareas, puestos o servicios se deben ofrecer a quien esté capacitado para realizarlas independientemente de si es hombre o mujer. Un varón puede estar preparado para ejercer como maestro de preescolar al igual que una dama bien puede trabajar en la industria. Se trata de capacidades, de preparación y de perfiles.

En la entrevista le comenté, por ejemplo, qué cuántas veces nos habremos subido a una avión sin que sepamos quién lo va a pilotear. O bien, cómo nos sentiríamos al saber que el avión en el que viajamos es conducido por una mujer piloto. Si iríamos más tranquilos, más angustiados, si cambiarían nuestras expectativas sobre el viaje. Durante la entrevista reiteré que lo que importa es la capacidad para realizar la acción no de quien la ejecuta. Al terminar, nos despedimos con mucha cordialidad.

Cual fue mi sorpresa que lo mejor vino a suceder dos días más tarde. Resulta que a la hora de abordar mi vuelo Cartagena-Panamá descubrí con grandísimo gusto que tanto la piloto como la copiloto ¡eran mujeres!

No creo en las casualidades, creo más bien que nuestros pensamientos, nuestras palabras y que nuestros deseos tienen un inmenso poder creador. De ahí que debamos cuidar todo lo que pensamos y, aún más lo que decimos porque tenemos una oportunidad increíble de manifestar todo lo que siempre deseado.

Nuestras palabras tienen la capacidad de transformar el mundo en el que vivimos. Cada que hablamos es importante que enviemos al universo ideas positivas que transformen nuestra realidad y el entorno que nos rodea. Desde nuestras palabras podemos manifestar la posibilidad de cambiar el rumbo de las cosas. Por esto mismo hay que darnos permiso de imaginar la mejor de las realidades posibles, pensarla intensamente, hablarla con vehemencia y sentirla como si ya fuera verdad. Estoy segura que nuestro pensamiento tiene el poder de cambiar la manera en que apreciamos las cosas y, muchas veces, cambia y hasta la realidad. Y no dudo que si en conjunto creamos frases positivas y hablamos cambiando el rumbo de nuestra situación actual, podremos ser testigos, sin temor a equivocarme del México que siempre hemos deseado. Te reto a que durante los próximos seis meses no hables de forma negativa de nuestro país ni de quien lo administra y veamos los beneficios de la gratitud, así que evita escribir o hacer comentarios negativos al hablar o en las redes sociales, por un #MéxicoPositivo

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Foto: Clara Villarreal
Foto: Clara Villarreal