Más allá de la política coyuntural, e independientemente del apoyo u oposición a uno u otro presidente, las relaciones internacionales van primero. Desde luego la visita de Andrés Manuel López Obrador a Washington ha generado críticas y halagos; lo mismo para Donald Trump en su país. Ese es un nivel de discusión, válido si es constructivo, y habrá que poner en la balanza tanto los efectos positivos como la utilización posterior del encuentro en el ámbito electoral. Pero existe también el nivel diplomático, el de la visión a largo plazo, el de las dos naciones en su conjunto.

Desde el punto de vista de la comunicación, hay que separar los discursos: por un lado están los dirigidos a las bases políticas, los del carisma, de intereses más tribales, pues. Por otro lado están los de la diplomacia, dirigidos a las naciones, con visión estadista, y que deben ser prioritarios. Esa distinción es fundamental, pero no es automática, y no siempre se respeta. Sin embargo en esta ocasión, sí se hizo, se ve que hubo un esfuerzo al respecto, y hay que aplaudirlo.

Al menos a juzgar por los actos, los mensajes, y la actitud tanto del presidente mexicano como el de Estados Unidos, podemos decir que se hizo un buen trabajo diplomático en la gira de Washington, y esa es una muy buena señal a largo plazo. Por supuesto que falta profundizar en temas como la migración y la seguridad, pero con una buena relación siempre será más fácil abordarlos, siempre y cuando no se quite el dedo del renglón y no se dejen sin contestar los posibles mensajes que falten a la dignidad de nuestro país. El “viva México” de AMLO en La Casa Blanca es un buen signo en ese sentido.

APUNTE SPIRITUALIS. Joe Biden no se quiso quedar atrás. Por Twitter dio un ejemplo de los dos tipos de mensajes: como candidato, le habla a su base criticando a Trump por lo que ha dicho a los mexicanos, pero como posible presidente, señala la importancia de la relación bilateral, y promete llevarla con dignidad en caso de resultar ganador.