Empecemos primero resumiendo la devastadora situación por la que está pasando nuestro planeta, así como resaltar la irresponsabilidad y el egoísmo de parte de todos los seres humanos al paso del tiempo.

Según Global Forest Watch Fire, en el 2019 contó con más de 4,5 millones de incendios mayores de un kilómetro cuadrado en el mundo, siendo esto, 400,000 kilómetros cuadrados más que el 2018. Cabe resaltar que el 96% de los incendios forestales son provocados por el hombre.

Estos índices han ido en aumento año con año en los últimos 100 años. Provocando grandes tragedias en la generación del calentamiento global o el efecto invernadero. Se calcula que al menos ha aumentado 1 grado el promedio de temperatura de la Tierra, así como casi 1 grado en la temperatura del mar.

Existen científicos que han calificado esta época como el “antropoceno”. Dicha época nace en el período preindustrial, en el que el humano prioriza su existencia en el desarrollo económico, afectando directamente a la degradación del medio ambiente y al cambio climático.

Dada la tendencia de lo antes mencionado, hace años se creó un concepto que puede considerarse como el rescate de la humanidad, el desarrollo sostenible. Una idea que nace a finales de los años 80´s, en el que que descansa bajo tres grandes pilares: protección ambiental, desarrollo social y el crecimiento económico.

Pero fue hasta el año 2015 cuando se pudo cristalizar todas estas ideas y terminaron por cimentarse en la Asamblea General de las Naciones Unidas. En la que por medio de un documento denominado “Agenda 2030”, los 193 miembros de dicha organización, incluyendo México. Generaron un compromiso puntual a favor de la humanidad, y principalmente, sobre el planeta. El objetivo principal es la erradicación de la pobreza, así como la generación del desarrollo de las sociedad sin afectar al medio ambiente, es decir, desarrollo sostenible.

Creo que en los último años se ha alcanzado a generar conciencia en algunos de nosotros, pero el camino es largo y falta mucho por hacer. Hay daños irreversibles pero todavía podemos salvar el destino a la que nosotros estamos sentenciándonos.

No es solamente el trabajo de unos cuantos o de algunos sectores de la población. Primero que nada es tener la convicción como ciudadanos en querer trabajar en pro de las nuevas generaciones y del propio planeta. Segundo, tenemos que tomar acciones, por más pequeñas que pudieran parecernos, pero en base a pequeños esfuerzos se generan grandes resultados. Por último, exigir a los gobiernos, liderazgos e instituciones que sean parte de esto. Al final de cuentas es un esfuerzo colectivo, y si los gobiernos no terminan por cerrar este círculo de desarrollo, será imposible que el resultado sea el esperado.

Seamos valientes y conscientes que el futuro está en nuestras manos. El mundo se acaba y solamente nosotros podemos marcar esa diferencia.

¿Y nosotros qué?…