¿Recuerdas cómo te sentías antes de comenzar el año? Normalmente el inicio de algo nuevo llega con diferentes deseos y metas. Es normal que comencemos un año haciendo lista de propósitos, que si diseñamos de la manera correcta, se traducen en estrategias: “voy a leer 15 minutos todos los días”, “iré a caminar al parque 5 veces a la semana”, “sólo voy a tomar refresco los fines de semana”.

Si empezamos el año con suficiente motivación y energía, en marzo apenas llevábamos un par de meses cuando todo cambió. Leer 15 minutos al día era agotador después de pasar más tiempo trabajando desde casa, ir a caminar al parque resultó sencillamente imposible y prohibido, e irónicamente, la comida chatarra apareció mágicamente en todas las alacenas, justo al alcance de cada descanso del día laboral (por decir algunos ejemplos).

Y esta modificación casi obligada a lo que tuvimos que enfrentarnos, parecía corta. Sólo va a durar un mes. Sólo serán dos meses más. Así llegamos a la mitad del año.

Hoy es el primer día de la segunda mitad del 2020.

Hoy me di cuenta que no he tomado ningún día de vacaciones, que mi cumpleaños (para el que juraba haría un pachangón por primera vez en mi vida) se acerca y se ve imposible incluso que pueda abrazar a mi propia madre ese día, que en mi lenguaje las palabras como “videollamada” ya forman parte de mi léxico diario y, resumiendo, que aquello que tenía planeado para mi año no ha pasado, ni pasará.

Pero hoy empieza la segunda mitad del año. Eso quiere decir que tengo tres meses y medio trabajando desde casa, enfrentada a una pandemia, aprendiendo a adaptar mis formas de trabajar y convivir, sin ir al cine, modificando mis gastos precavida por lo que puede pasar a la economía mundial, priorizando mi salud y bienestar.

Puede ser que no he leído 15 minutos diarios, que no he salido a caminar y que al refresco agregué las papitas como snack cada vez que paso por la cocina. Pero he sobrevivido a una pandemia, me he adaptado a tantas cosas, y hoy empiezo la segunda mitad del año más inesperado de mi vida.

Y puede ser, que sabiendo esto, celebrando mis logros, me proponga metas nuevas.

O no.

A fin de cuentas, pasado mañana será un nuevo día también. Y vivirlo con todo lo que traiga es logro suficiente.

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