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ESTADOS UNIDOS.- En una noche de Halloween normal, Sarah Schwimmer abriría su puerta y pondría caramelos en las manos de los más pequeños, pero este año enviará las golosinas por un tubo de 3 metros de largo, construido como su sistema de reparto particular para respetar la distancia social ante la pandemia de COVID-19.

“Para los niños todo ha cambiado así que cualquier cosa que podamos hacer para mantener esa alegría es importante”, dijo Schwimmer, de 54 años, maestra de quinto curso de una escuela pública y vecina de Lawrenceville, en el estado de Nueva Jersey.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) desaconsejan las actividades habituales de Halloween, consideradas de “alto riesgo” y que pueden aumentar las infecciones de COVID-19, incluyendo casas embrujadas, paseos con personas que no viven en el mismo hogar y el “contacto directo con los que hacen truco o trato”.

Gritar, por alegría o por miedo, es un comportamiento de riesgo durante el 31 de octubre, según los CDC, que abogan por el distanciamiento social y el uso de mascarillas para reducir el riesgo de propagación del nuevo virus.

Desde grandes ciudades como Los Ángeles hasta pequeños pueblos como Longmeadow, en el estado de Massachusetts, las prohibiciones del “truco o trato” se han extendido por todo el país. Incluso se canceló la cabalgata anual del jinete sin cabeza —que conmemora el clásico del escritor Washington Irving, ‘La leyenda de Sleepy Hollow’, escrita hace justo 200 años—, en el condado de Westchester, en Nueva York.