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GROENLANDIA.- Vista desde un helicóptero, es un panorama de desolación infinita acentuada por planicies de hielo y montañas oscuras. La población, que cabría cómodamente en un estadio de fútbol, es pobre, con altos índices de drogadicción y suicidio.

Es “el fin del planeta”, dijo un científico.

Cuando el presidente estadounidense Donald Trump expresó la idea de comprar Groenlandia, se respondió con burlas a la oferta considerada torpe y fuera de lugar de un antiguo aliado.

Pero también podría ser una Cueva de Aladino de petróleo, gas natural y tierras raras lista para ser explotada a medida que retrocede el hielo.

El calentamiento global no afecta solamente las temperaturas de la gran isla y el resto del Ártico. A medida que el retroceso del hielo abre nuevas rutas navieras y deja al descubierto riquezas increíbles, la región se vuelve un activo geopolítico y económico, del que Estados Unidos, Rusia, China y otros países quieren sacar tajada.

“Una Groenlandia independiente podría, por ejemplo, ofrecer derechos de instalar bases a Rusia o China o los dos”, dijo el especialista en seguridad internacional Fen Hampson, de la Universidad Carleton de Canadá.

Dijo que algunos habitantes quieren la secesión del territorio semiautónomo de Dinamarca.